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30 agosto 2007

Gracias a Anabel que ha montado una especie de video recopilatorio de algunos de los momentos más recordados del Erasmus en Orléans. Como no, en las tres veces que se me ve salgo haciendo el cafre xxxD




Y por si fuera poco, he vuelto al fotolog: www.fotolog.com/kam3nah

Un placer reencontrarme con vosotros de nuevo ;)

29 mayo 2007

El final de una primera etapa...

A medida que pasan los días el final de este loco año Erasmus está a punto de llegar, y en menos de una semana y media ya estaré recostada en el tren, leyendo bajo la pobre luz del compartimiento o compartiendo experiencias con las mujeres que viajen conmigo, a no ser que suban demasiado tarde y ya tengan ganas de dormir. El asunto de dormir, pese a que debo confesar que debo tener una especie de gen marmota que suele permitirme caer en un profundísimo sueño en cuestión de media cabezada, me temo que puede resultarme complicado en esta ocasión puesto que los últimos días vengo padeciendo un poco de insomnio. Anoche, sin ir más lejos, no pude pegar ojo hasta las seis de la mañana, cuando el cielo estaba más claro que a las siete la tarde anterior, y los pajarillos ya habían comenzado a hacer de las suyas. Pero en fin, supongo que esto se debe a que últimamente me encuentro más feliz y con ganas de hacer un montón de cosas, tengo un montón de ideas en la cabeza y bonitos sueños que parece no se harán esperar por mucho tiempo.

Al principio, cuando terminé los últimos exámenes, estaba un poco angustiada por la idea de que estaba a puntito de terminar esta nueva fase que me ha llevado a darle mil vueltas al coco, a reír a carcajadas y a llorar, a sufrir, a veces por amor, y también a amar como nunca antes lo había hecho. Pero hace poco me di cuenta de que no era así, esta fase no va a terminar aquí, sino que sólo acaba de empezar porque ahora yo no soy yo, la que llegó en septiembre a Orleáns sin saber con certeza lo que me esperaba, sino que soy la versión mejorada –o más vale decir solamente ligeramente madurada tras meses de reflexión- y que ahora veo la vida, la mía y la de los demás, de una forma diferente.

No tengo miedo a lo desconocido pues lo desconocido me engulló hace unos meses y de mi enfrentamiento con sus entrañas he salido victoriosa, y me he dado cuenta que ese miedo es en realidad un temor a nosotros mismos, a la incertidumbre de si seremos capaces de superar obstáculos hasta entonces inimaginables.

Ya no tengo prisa. La prisa mata; nos impide disfrutar de las cosas que hacemos pensando en las que tendremos que hacer después, y así sucesivamente hasta darnos cuenta de todo lo que hemos desperdiciado con tanta inconsciencia, con esa manía nuestra de vivir fuera del pellejo, obsesionados en los viajes astrales de nuestro pensamiento en el futuro, acentuando la inhibición de las sensaciones actuales.

He perdido el pudor a mostrarme tal y como soy, no porque antes desconfiara de la gente o tuviera algo que ocultar, sino porque ahora me quiero tal y como soy, con mis defectos y mis debilidades. Sé cómo mirar al espejo que muestra mi yo interno y lo hago con una amplia sonrisa. “Sí, esa soy yo”, me digo con orgullo. Reconciliarse con uno mismo es el primer paso para ser amable y solidario con el mundo.

Y como estas, muchas cosas más que he aprendido y que me ayudarán a seguir adelante, porque todavía tengo mucho camino que recorrer y pedacitos de mí misma por descubrir para llegar a ser mi versión mejorada al cubo.

Sí, el siete de junio no se cerrará una fase, una primera etapa que me precipita a nuevos desafíos y aventuras. Y, desde luego, espero poder compartirlos todos con vosotros, amigos.


Me gusta esta foto porque se me antoja que se está llena de bondad y armonía. Si todos supiéramos relacionarnos con tanto amor y tanta delicadeza, con la inocencia de saber que nadie va a hacerte daño...

16 abril 2007

La estación del amor y las alergias


Que no os cojan despistados con tanta florecita y tanta felicidad primaveral para que no os pase como a mí el otro día, que dejé la ventana de mi habitación abierta (sí, tiene unas vistas preciosas, eso no hace falta decirlo) y se me coló una avispa en la habitación, y lo peor es que..... se ha metido en un agujero que hay en la ventana y lo mismo está anidando :S así que sólo espero que no salga con sus aliadas durante la noche y me piquen mientras duermo, porque seguro que me da una reacción alérgica y muero sin poder evitarlo a la luz de la luna llena.
En fin, nada de esto tiene mucho sentido porque yo lo único que quería enseñaros era esta foto de las palomitas haciéndose unos arrumacos.
¡¡Feliz alergia a todos!! (tened a mano el inhalador por siaca ;P )

28 marzo 2007

Por la ventana

Pues sí, esto es lo que veo yo desde la venta de mi habitación de 9 metros cuadrados en la ciudad de Orléans. Aunque a veces pueda parecer el Retiro (si te abstraes un poco y te pones a buscar las ardillas cobrizas que de vez en cuando se dejan ver en tierra firme).


La residencia se llama "Les Hêtres" (Las hayas) aunque por lo que parece sólo hay pinos y otro tipo de árboles que no sé cómo se llaman pero que se pelaron en invierno dando resultado a esta bonita vista cuando despertaba cada mañana:



25 octubre 2006

Aquí la lluvia, querido Azul (leer Reflexión XXI: Otoño), es mucho más discreta y constante que en nuestra deprimida ciudad. Se podría describir como una suerte de letanía profana que invita al absentismo mundano; quiero decir, no puedes evitar abstraerte de la realidad y fantasear con la idea de otro mundo próximo al que vivimos, pero mucho más sincero. Algo así como la idea medieval del mar y el cielo como un mismo espectro que es reflejado por un fallo telúrico en el que nosotros, pobres terrestres, estamos obligados a vagar sin motivo, a pesar de la constante causalidad -aquí en Orleáns se me representa constantemente y a intervalos demasiado regulares como para no creer en la existencia de una cosmogonía superior a nuestra experiencia.

Además, el cielo es siempre tan blanco, incluso en la noche cerrada, que dan ganas de atravesarlo todo el tiempo, de saltar muy alto y abrir un agujero similar al de la capa de ozono –que por lo visto viene cerrándose en los últimos meses- para ver si las bambalinas celestes siguen siendo de terciopelo argentado.


También puedo decirte que desde mi ventana se ven los árboles con las hojas más encendidas que jamás encontrarás en ninguna otra parte, de un rojo tan intenso que casi queman. Y ahora que ya han encendido la calefacción, me gustaría no tener que salir nunca de esta habitación y seguir asomada, tras un cristal por momentos más y más empañado, acurrucado polizón entre las cortinas, y dejar que todo pase como si yo ya no estuviera aquí.

La imagen, tomada la madrugada del sábado hacia el domingo, muestra el precioso amanecer sobre el río Loira que se contempla desde el centro de Orléans.