El fin de semana, aún temiendo lo peor a causa de las alertas rojas de las que prevenía la televisión por las tempestades que se iban a producir en el levante español, me aventuré a pasar el minipuente del Pilar en Alicante, ciudad donde no había estado nunca antes (de hecho, la primera vez que pisé el Mediterráneo fue este verano en Benicàssim), y en la que unos familiares tienen un piso de veraneo.
La verdad es que el viernes no cesó de llover -sorda e incansablemente- aunque aún así no quisimos perder la oportunidad de dar un paseo y disfrutar de las vistas marítimas a las que tan poco acostumbados estamos quienes vivimos en el terruño central y solo pisamos la playa en verano, como todo currito que se precie ;)

Pero al siguiente día nos despertó el solecito que entraba por la ventana y no pudimos resistir la tentación de ir un ratito a la playa de San Juan:

Por supuesto, paseíto nocturno para conocer la ciudad y ver el castillo de Santa Bárbara iluminado:

Y ver los peces en la plaza ¿? (quién sepa el nombre de la plaza que lo diga):

Pues eso, que me ha encantado Alicante, mucho más acogedora y elegante de lo que esperaba, a pesar de las turísticas moles de apartamentos. Así que espero volver pronto ^^