Al principio, cuando terminé los últimos exámenes, estaba un poco angustiada por la idea de que estaba a puntito de terminar esta nueva fase que me ha llevado a darle mil vueltas al coco, a reír a carcajadas y a llorar, a sufrir, a veces por amor, y también a amar como nunca antes lo había hecho. Pero hace poco me di cuenta de que no era así, esta fase no va a terminar aquí, sino que sólo acaba de empezar porque ahora yo no soy yo, la que llegó en septiembre a Orleáns sin saber con certeza lo que me esperaba, sino que soy la versión mejorada –o más vale decir solamente ligeramente madurada tras meses de reflexión- y que ahora veo la vida, la mía y la de los demás, de una forma diferente.
No tengo miedo a lo desconocido pues lo desconocido me engulló hace unos meses y de mi enfrentamiento con sus entrañas he salido victoriosa, y me he dado cuenta que ese miedo es en realidad un temor a nosotros mismos, a la incertidumbre de si seremos capaces de superar obstáculos hasta entonces inimaginables.
Ya no tengo prisa. La prisa mata; nos impide disfrutar de las cosas que hacemos pensando en las que tendremos que hacer después, y así sucesivamente hasta darnos cuenta de todo lo que hemos desperdiciado con tanta inconsciencia, con esa manía nuestra de vivir fuera del pellejo, obsesionados en los viajes astrales de nuestro pensamiento en el futuro, acentuando la inhibición de las sensaciones actuales.
He perdido el pudor a mostrarme tal y como soy, no porque antes desconfiara de la gente o tuviera algo que ocultar, sino porque ahora me quiero tal y como soy, con mis defectos y mis debilidades. Sé cómo mirar al espejo que muestra mi yo interno y lo hago con una amplia sonrisa. “Sí, esa soy yo”, me digo con orgullo. Reconciliarse con uno mismo es el primer paso para ser amable y solidario con el mundo.
Y como estas, muchas cosas más que he aprendido y que me ayudarán a seguir adelante, porque todavía tengo mucho camino que recorrer y pedacitos de mí misma por descubrir para llegar a ser mi versión mejorada al cubo.
Sí, el siete de junio no se cerrará una fase, una primera etapa que me precipita a nuevos desafíos y aventuras. Y, desde luego, espero poder compartirlos todos con vosotros, amigos.

Me gusta esta foto porque se me antoja que se está llena de bondad y armonía. Si todos supiéramos relacionarnos con tanto amor y tanta delicadeza, con la inocencia de saber que nadie va a hacerte daño...
