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29 mayo 2007

El final de una primera etapa...

A medida que pasan los días el final de este loco año Erasmus está a punto de llegar, y en menos de una semana y media ya estaré recostada en el tren, leyendo bajo la pobre luz del compartimiento o compartiendo experiencias con las mujeres que viajen conmigo, a no ser que suban demasiado tarde y ya tengan ganas de dormir. El asunto de dormir, pese a que debo confesar que debo tener una especie de gen marmota que suele permitirme caer en un profundísimo sueño en cuestión de media cabezada, me temo que puede resultarme complicado en esta ocasión puesto que los últimos días vengo padeciendo un poco de insomnio. Anoche, sin ir más lejos, no pude pegar ojo hasta las seis de la mañana, cuando el cielo estaba más claro que a las siete la tarde anterior, y los pajarillos ya habían comenzado a hacer de las suyas. Pero en fin, supongo que esto se debe a que últimamente me encuentro más feliz y con ganas de hacer un montón de cosas, tengo un montón de ideas en la cabeza y bonitos sueños que parece no se harán esperar por mucho tiempo.

Al principio, cuando terminé los últimos exámenes, estaba un poco angustiada por la idea de que estaba a puntito de terminar esta nueva fase que me ha llevado a darle mil vueltas al coco, a reír a carcajadas y a llorar, a sufrir, a veces por amor, y también a amar como nunca antes lo había hecho. Pero hace poco me di cuenta de que no era así, esta fase no va a terminar aquí, sino que sólo acaba de empezar porque ahora yo no soy yo, la que llegó en septiembre a Orleáns sin saber con certeza lo que me esperaba, sino que soy la versión mejorada –o más vale decir solamente ligeramente madurada tras meses de reflexión- y que ahora veo la vida, la mía y la de los demás, de una forma diferente.

No tengo miedo a lo desconocido pues lo desconocido me engulló hace unos meses y de mi enfrentamiento con sus entrañas he salido victoriosa, y me he dado cuenta que ese miedo es en realidad un temor a nosotros mismos, a la incertidumbre de si seremos capaces de superar obstáculos hasta entonces inimaginables.

Ya no tengo prisa. La prisa mata; nos impide disfrutar de las cosas que hacemos pensando en las que tendremos que hacer después, y así sucesivamente hasta darnos cuenta de todo lo que hemos desperdiciado con tanta inconsciencia, con esa manía nuestra de vivir fuera del pellejo, obsesionados en los viajes astrales de nuestro pensamiento en el futuro, acentuando la inhibición de las sensaciones actuales.

He perdido el pudor a mostrarme tal y como soy, no porque antes desconfiara de la gente o tuviera algo que ocultar, sino porque ahora me quiero tal y como soy, con mis defectos y mis debilidades. Sé cómo mirar al espejo que muestra mi yo interno y lo hago con una amplia sonrisa. “Sí, esa soy yo”, me digo con orgullo. Reconciliarse con uno mismo es el primer paso para ser amable y solidario con el mundo.

Y como estas, muchas cosas más que he aprendido y que me ayudarán a seguir adelante, porque todavía tengo mucho camino que recorrer y pedacitos de mí misma por descubrir para llegar a ser mi versión mejorada al cubo.

Sí, el siete de junio no se cerrará una fase, una primera etapa que me precipita a nuevos desafíos y aventuras. Y, desde luego, espero poder compartirlos todos con vosotros, amigos.


Me gusta esta foto porque se me antoja que se está llena de bondad y armonía. Si todos supiéramos relacionarnos con tanto amor y tanta delicadeza, con la inocencia de saber que nadie va a hacerte daño...