27 febrero 2007

España, la vivienda y el derecho a la pataleta

Llevo unas semanas dándole vueltas al problema de la vivienda o, por decirlo de una manera más concreta, de cómo conseguir alquilar o comprar un apartamento de menos 15 metros cuadrados sin tener que dar salida a riñones y pulmones de más en el mercado negro de trasplantes internacional (no me pidáis el número de la asociación que no lo tengo y además no desgrava a Hacienda -recordad que Hacienda somos todos, eh?) y sin tener que hipotecar a la decimotercera generación de mis descendientes, úsease, a mis architataranietos del año 3015.

En esto que leyendo el periódico -en las últimas semanas el 20minutos digital, pues es el que resume información semiútil y de desecho a cantidades industriales y puedo enterarme del panorama de mi país en tan sólo quince segundos, contando lo que tarda en cargar la precaria red wifi de la biblioteca (de la que no me voy a quejar porque, a fin de cuentas, me sale gratis)- se me ha ocurrido una idea que al parecer últimamente está muy de moda en España, más cañí que nunca, y que consistiría en hacer una huelga de hambre (como la que ha suscitado la polémica hasta en la Pérfida Albión de De Juana Chaos, la de tres reclusos de Segovia en contra de la reducción de la condena de éste último, las de un señor que quiere que a su hija le den clases en castellano, o la de las modelos que desfilan en pasarelas como París, Milán o Cibeles -oh, perdón, que éstas están así porque quieren...) hasta que a la señora ministra de Vivienda



Mírala qué contenta está con su maletín de 007 y su trajecito rosa

le de por trabajar un poquito y nos proponga soluciones factibles (como que sus maravillosos apartamentos de 30 metros cuadrados no cuesten más de 60.000 euros = 10 kilos) para que los jóvenes -y no tan jóvenes- de hoy en día podamos jugar a la Wii sin darnos codazos con la abuela, que está haciendo tapetes de croché para mesas camilla a ver si vendiéndolas por ebay sacamos unas pesetas (añoradas pesetas, con las que podías tomarte un café por 0,30 euros), porque si no vamos a tener que abrir una hipoteca para pagar los intereses de la hipoteca.

Si esto no funciona realmente no sé lo que puedo hacer, igual voy a la Moncloa y le pido a ZP que me deje instalarme aunque sea en el trastero, que seguro que tiene metros cuadrados suficientes para no tener que dormir de pie. De todas formas, entre el dinero de las entrevistas y el que me ahorre del alquiler del terruño en el tiempo que esté entubada en el hospital seguro que me da para comprarme lo último en televisores de pantalla plana, que eso sí que no puede faltar en ningún hogar ibérico.

2 comentarios:

malatesta dijo...

Hombre, lo de la pantalla plana tiene su lógica. Así ocupa menos, que el metro cuadrado es más caro que el televisor de plasma, je, je.

Azul dijo...

Esto es deprimente. Hubo un visitante en mi blog que me increpaba diciéndome que somos muy jóvenes y que la vivienda siempre ha costado el mismo esfuerzo...

En fin.