25 mayo 2007

Durante toda la vida me he sentido admirada por la gente que es capaz de relacionarse con todo el mundo sin complejos, al menos aparentemente, y que sabe transmitir su alegría y vitalidad a quienes le rodean. Tal vez sea por mi ostentosa timidez que siempre me ha impedido hablar en público con facilidad y soy de ese tipo de gente que suele pasar inadvertido por su silencio casi permanente en las reuniones sociales (aunque confieso que con el tiempo voy superando esos obstáculos psicológicos que nos impiden ser como realmente nos gustaría la mayoría de las veces). Digamos que es como si pensara que a los demás no les interesara lo que puediera contarles y ese mismo pensamiento es el que me impide actuar, aun cuando sé de sobra que a los demás no les molesta mi presencia ni mi conversación, al igual que a mí no me molesta, más bien me encanta, la de ellos. Es por eso que cuando encuentro a alguien así no puedo evitar acercarme aunque sea solo unos instantes y disfrutar con esa maravillosa actitud ante la vida.

El verano pasado tuve la suerte de hacer un viaje de unos días junto a unas grandes amigas con las que estuve en Extremadura, muy cerca de la frontera con Portugal (por lo que también aprovechamos para hacer una mini escapada al país vecino), con la excusa de ir al con la excusa de ir al Contempopranea, en Alburquerque, uno de los tantos festivales que se celebran cada verano para refrescar un poco el ánimo de los jóvenes en nuestro caluroso país; aunque debo decir que, pese a ser un poco pequeño o precisamente por ello, fue en el que mejor lo he pasado entre todos los que he asistido. Tal vez sea porque no te pierdes ningún concierto y al final conoces a buena parte de la gente que va allí desde todas las provincias de España y te sientes como si estuvieras con amigos de toda la vida porque, queramos o no, la música y la fiesta nos unen como pocas cosas en el mundo.


La segunda noche del festival rondaba por los conciertos alguien a quienes algunos de quienes leen estas líneas conocerán bastante bien y seguro que leen su blog con mucho gusto, ataviado con la camiseta del Cádiz y coreando el animoso himno que ya no falta en ninguna buena reunión española (sí, “Alcohol, alcohol....) y el dichoso gorro de la piscina que muchos no nos dignamos a comprar y fue motivo de un improvisado y divertido motín que dudo que los socorristas del lugar puedan olvidar en mucho tiempo. Y como yo, pese a que vivo en un pueblo de Madrid desde hace diecisiete años ya, siento a la gente de la tierra que me vio nacer –soy de Rota, un pueblecito costero de la Bahía de Cádiz- muy muy cerca de mi corazón. Así pues, me acerqué a él y nos hicimos unas fotos, aunque como iba a acompañar a una amiga a la Ambulancia móvil porque se había clavado una astilla tuve que irme enseguida y no tuvimos la ocasión de hablar.

Y quiso el azar que muchos meses después,
Beaumont (aunque ahora está un poco perdido de la red, os invito a visitar su blog, donde vais a descubrir una personalidad fascinante con infinidad de historias interesantes que contar –qué voy a decir yo, que seré su editora cuando se decida a publicar ;) – y una pasión increíble por la música y, en especial, por el jazz), me presentara a un amigo suyo, al igual que había hecho ya antes con otros blogueros, y comenzamos a hablar de vez en cuando, a leer nuestros espacios cibernéticos (que por cierto está hecho un artistazo, para los que no hayáis visto su galería pictórica, ya estáis tardando) y compartir aficiones.

Entre una de ellas, se encuentra la de acudir a festivales de música en verano. Resultó que el verano pasado ambos habíamos coincidido en unos cuantos, y no sé por qué cuando me dijo que había estado en el Contempopránea se me ocurrió preguntarle si había llevado la camiseta del Cádiz, y obviamente dijo que sí y, tras preguntarle varias cosas más, le envié esta foto:






Y resultó que, en efecto, era él. Así que por una simple casualidad, como hay tantas, tantas, tantísimas en la vida, esta era la segunda vez que nos cruzábamos, aunque en esta segunda sí tuvimos la suerte de hablar y empezar a conocernos de verdad, porque en la primera apenas tuvimos ocasión de hacernos la foto y reírnos un poco.

Así que ya sabéis, nunca desperdiciéis la ocasión de conocer a la gente a la que de forma casual, --causalmente, como diría mi querido
Azul, aunque aún no entiendo muy bien lo que quiere decir con eso- conozcáis repentinamente en medio de un festival, fiesta, exposición, bar o donde sea, porque de lo contrario no sabréis la fascinante persona a la que os acabáis de perder de conocer.

Por cierto, espero que poco a poco pueda conocer a todos aquellos que me leen e intentaré ser menos tímida a la hora de conocer a los demás. ¡Prometido!

7 comentarios:

malatesta dijo...

No te dejes engañar, Totito es en realidad una persona muy tímida, que jamás se acercaría a una chica desconocida, y que teme llamar la atención... ¡pffffff! Para mí que si buscas en la enciclopedia "extrovertido", sale su foto.
Ya conocía la historia por el interfecto, y luego la leí en su blog. Vaya casualidad, chica. Ya se sabe que este mundo es un pañuelo.

totito dijo...

Bueno pues yo soy el Totito ese y puedo decir, como ya escribí en mi blog tal y como lo pactamos, que todo lo que tan bien esta escritoahí es la pura realidad y además puedo asegurar que en el contempopranea d este año si que habalremso y si es preciso nos echaremos nuevas fotos cadistas.

timimi dijo...

el mundo es un pañuelo,y el totito esta en to los sitios,ond menos te lo esperes te lo encuentras,y te felicito pq has conocio a parte de un buen cadista ,a un buen tio.
Buen blog.un saludo

fabio dijo...

No entiendo como una chica tan guapa se arrejunta con tanto friqui.

kamenah dijo...

Fabio, a lo mejor es que yo también soy un poco friki ;)

Beaumont dijo...

Nada más queda para cerrar el círculo que nos encontremos este verano en Los amigos de Peter.

Adieu.

Azul dijo...

Nunca te he visto expresarte con esa sinceridad al hablar de ti misma -y de tus complejos-.

ME alegro un montón!!!!!! Es el primer paso para cambiar lo que no te gusta.

La "causalidad" se me adherió con fuerza por el puto libro de que me dejaste de Kundera!!!!

"y... una vez más, los pájaros de la causalidad quisieron que me reencontrara con aquella desconocida persona"


Vente ya pa alcalá!!!!!!
i miss iu.